Hoy a las ocho nos hemos juntado un Armadillo, una Gata Siamesa Constante, un Turón de Pies Negros Malhumorado y yo misma, en la puerta del cine Cervantes. Si que es un lugar especial, este antiguo teatro, con ese aire raro a antiguo, las butacas especiales, el timbre antes del comienzo de la película. Armada con una botella de agua, me siento en mi sitio: Fila 8, butaca 18. Ir al cine me gusta en general, poco importa que ver, muchas veces, es más importante la sensación de hacerse pequeña en la butaca, mientras el mundo sigue girando mientras yo me paro dos horas.
Debo confesar que Amenabar ha hecho algo que está en su línea con esta película. Y sé que algunas personas se sienten ofendidas, pero la historia, es lo que tiene: es así. Para bien o para mal, las personas siempre se han pasado la pelota de la violencia con la excusa que haga falta: tus creencias, las mías, tu politica, tu dinero... Pero hay algo que es imposible de negar: llegar a casa y abrir el navegador, en la barra de google escribir: Hipatia de Alejandría. Y aunque ya la había estudiado y conocía su historia, dejarme llevar otro rato, por una sensación más allá de lo que pueda escribir.
Dejar que las cosas sean.
Dejar que las imágenes fluyan.
Dejar volar tu mente a Alejandría.
Y, sencillamente,
apreciar lo que ves y sientes.
No lo dudes, tienes que ir al cine y ver Agora.
