Del mundo interior o el mundo paralelo, esquinas, lugares, encuentros, silencios y ruinas. Crear y ser.
Estaba hablando con un amigo.. del mundo interior, de lo que es mi mundo paralelo, donde nunca sale el sol, porque yo prefiero que llueva. Vale, yo raras veces hablo de mí, escribir sí, pero hablar... porque me cuesta tanto, tanto...
Cuando me refugio en mi mundo interior no oigo ni veo a nadie, sencillamente todo se evapora a mi alrededor. Es como entrar en el Círculo Sagrado, donde el espacio y el tiempo se detienen y respiran de otro modo, sin tiempo en este lugar, sin lugar en este tiempo... Y en mi mundo paralelo, las mariposas de alas blancas danzan por donde yo quiero, los relatos que nunca te cuento cobran sentido y palabras. Cuando me meto en mi Atalaya, me gusta sentir el viento que creo para acunarme en las noches estrelladas.
En mi mundo paralelo canto las canciones que quiero, alcanzo a tocar la nieve antes de que caiga, me elevo como una pluma cuando la brisa respira a su lado. En mi mundo, hay tres lunas, y antorchas que brillan en la oscuridad densa que se evapora con nombrar la luz.
Cuando necesito esconderme del mundo, cuando las cosas no son como me gustaría, cuando tiembla la llama de la vela, allí está mi mundo interior. Relamente allí todo carece de importancia, porque es como estar frente a la Diosa: ya nada importa.
En estos días, mi mundo interior me reclama con más fuerza que nunca, cuando los silencios obstinados de algunas personas me decepcionan. Entonces, entro en mi habitación sagrada, con un poco de música, con un bote de pintura, a veces propia, a veces prestada, y pinto las sonrisas más grandes del mundo, para que todos vean que aunque me derrumbo por dentro, por fuera sigo sonriendo.
Nada daña ni molesta en el mundo interior que tengo; que es más alto, más grande, más ancho, más ligero; más sencillo y más complicado.
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