Dicen las leyendas que las hadas también lloran.
Pero sus lágrimas no se pierden en el aire, ni se secan, ni se limpian. La leyenda dice que cuando un hada llora de alegría, sus lágrimas se convierten en cristalitos de colores, con los que después se hacen pulseras y collares de muchos colores, pendientes y anillos que les recuerden ese momento de felicidad absoluta.
Si sus lágrimas son de dolor, de pena o tristeza, dice la leyenda que los espíritus del bosque notan como su corazón se encoje, y entre todos, hacen brotar un árbol de un color entre azul y morado, frondoso, luminoso, fuerte. Cada una de las lágrimas de las hadas, se prende a él como si se tratara de flores, y el árbol crece y crece más grande, más flores, más azul y morado. Cuanto peor nos portamos con la naturaleza, más lloran las hadas, porque todo está en nuestra mano.
Y mientras las hadas tengan que llorar por cosas malas, esos árboles seguirán creciendo cada vez en más partes, cada vez más altos, intentando alcanzar el cielo, la luz y la paz, cada vez más y más arriba.

Dice la leyenda que cuando te cruzas con uno de ellos, debes dar un motivo de alegría al hada que lo lloró.
Una pequeña ofrenda, una sonrisa, una petición de perdón.
La proxima vez que veas un jacaranda en flor... ya me contarás.