Tengo por dentro un mar, con oleaje y algas, con arena en el fondo y espuma en la superficie. Es un mar de sentimientos que lo abarca todo, desde el hoy hasta el siempre, aunque sea mucho tiempo. Y es que a veces los sentimientos son inmensos y no encontramos palabras para definirlos.
Estoy agotada tras otra noche de intenso dolor. Tengo frío y hay 27 grados. Tengo ganas de dormir y nada de sueño. Estoy cansada de andar de un lado a otro, mientras recurro constantemente a la escoba que está harta de que siempre la use.
Pero estoy emocionada, ilusionada, inquieta. Feliz.
Las cosas no pueden explicarse, porque sencillamente nada es, ni deja de ser. Añoro el olor de la baja mar, que a muchas personas les desagrada; pasear con el aire en la cara; que cada ola me traiga nuevas preguntas; el romanticismo estúpido del oceáno; el cielo que toca el agua; las rocas saladas que miran el mundo desde la infinitud de su existencia...
Pienso en muchas cosas, y todas me producen sentimientos, que se ahogan unos a otros cuando no hay nada más que una mar de fondo que lo remueve todo.
Tengo por dentro un mar entero, con sus peces, tiburones, secretos, barcos hundidos, ballenas y tesoros que nadie va a encontrar.

Tengo un mar por dentro.